La suerte de tener un pueblo

La vida: esa suma de casualidades, decisiones y suerte. Una de ellas, la de tener pueblo. El mío Carcabuey, Corazón de la Subbética.

Cuando era niño vivía en Cartagena y al llegar las vacaciones de verano me preguntaban mis compañeros del cole Y tú, ¿a qué playa vas? Y yo les respondía, ¿playa? A ninguna, yo voy a Carcabuey, el pueblo de mis padres. Algunos se extrañaban, otros gesticulaban con desprecio y  superioridad pero solo los que también tenían pueblo decían ¡qué guay! el mío se llama…  

Sin embargo, el que estaba en un nivel superior eras tú pues ibas a vivir experiencias nunca soñadas por los que se quedaban en el barrio o los que se iban a la playa aunque fueran a un destino fijo durante muchos años. Ahora, cuando quiero vacilarle a alguien le digo que veraneo en mi casa de la sierra y entonces veo su cara de envidia.

TENER PUEBLO ¡QUÉ SUERTE!

Pero ¿Qué es un pueblo? Para la cantante María Ostiz  Un pueblo es, un pueblo es, un pueblo es/ Abrir una ventana en la mañana y respirar /La sonrisa del aire en cada esquina/ Y trabajar y trabajar/ Uniendo a vida, vida. Y según el diccionario, pueblo (del latín populus) es una población más pequeña y con menor número de habitantes que una ciudad y dedicada especialmente a actividades relacionadas con el sector primario. Pero también es el conjunto de personas que vive en una población, región o país así que tod@s somos pueblo.

Y qué suerte tener pueblo, quien no haya tenido pueblo no puede entenderlo. En el pueblo no solo te reencuentras sino que eres de allí aunque no vivas allí, son tus orígenes. Y estabas deseando ir para  contarlo después y volver, volver y volver. Es lo que el geógrafo Yi-Fu Tuan llama topofilia para referirse al amor incondicional que la especie humana tiene a los lugares. Y de esa necesidad para el urbanita y del problema de la España vaciada surgió en 2012 un icónico anuncio de la bebida Aquarius.

Es muy bonito ser de ciudad pero llegan las vacaciones y miles de personas gritan “me voy a mi pueblo” pero ¿y tú qué? Nunca has tenido pueblo, te sientes huérfano y cuando empiezas a superarlo ellos vuelven y te cuentan todo lo que han hecho y les preguntas ¿Y los niños? Ah! Pues corriendo por la plaza.

Admitámoslo, la gente que tiene pueblo es afortunada. Por eso Aquarius quería poner en contacto a pueblos que necesitan gente con gente que necesita pueblo. Así que pusieron en marcha un “orfanato de urbanitas” para que se dejaran adoptar por un pueblito bueno lleno de gente  extraordinaria. El medio rural necesita gente y la gente necesita pueblo. 

NOS VAMOS A CARCABUEY

En los años 50 mi padre, buscando un futuro mejor, decidió ingresar en la armada española. Sin saberlo, esa difícil y paradójica decisión supondría en el futuro un incalculable regalo para sus cuatro hijos al posibilitarnos vivir en una ciudad pero con la suerte de tener pueblo. Siempre tuvo destino en Cartagena para estar cerca de su pueblo. Nuestros padres nos inculcaron el amor al pueblo de palabra y obra.

Cuando llegaban las vacaciones de verano, Semana Santa y Navidad se producía una noche de ilusión pues  nos acostábamos sabiendo que nos levantaríamos de madrugada para irnos a Carcabuey. Mi madre nos levantaba con una frase tan motivadora como infalible. Vamos despertaos que “Nos vamos a Carcabuey”.

¿Y ALLÍ QUÉ HAY?

Me preguntaban en el cole y en el barrio. Pues experiencias y cosas que no estaban en la ciudad y que mis compañeros no entendían. La más importante la familia, tanto la residente en Carcabuey como la que también volvía al pueblo desde otros puntos de emigración. Y la segunda pues las amistades que perduran año tras año cual indestructibles fueran pues se nutren de muchos buenos momentos acumulados año tras año.

Y claro, el pueblo en sí que ofrecía libertad con control ¿y tú de quién eres? el pueblo te cuida y podías irte a la plaza corta desde pequeño. El pueblo ofrece tranquilidad, seguridad y familiaridad. En el pueblo casi todo sucedía antes que en la ciudad, pandilla, piscina, acampada, guateque, taberna, primer beso y primer baile en fiestas con verbena etc.

En el pueblo te olvidabas hasta de la televisión y de otras cosas que parecían imprescindibles para sumergirte en un mundo diferente, una vida tradicional y rural. Todavía había burros, cabras, lechería, naturaleza, el campo, los olivos, las huertas con sus albercas, oficios y comercios tradicionales y el enigmático mundo de las tabernas.

Tanto disfrutaba en el pueblo que de mayor quería ser su alcalde pero eso es otra historia, otro artículo. Eso sí, en el periódico de Julio he descubierto algo quizás premonitorio, en 1923 un tal Francisco Montes Ramírez si fue Concejal y segundo Teniente de Alcalde de Carcabuey y hasta “tuve” un tiempo la sede del teléfono público.

LA ORZA SE VACÍA

Ahora los pueblos, aun manteniendo su identidad, se globalizan y se parecen mucho unos a otros y se van perdiendo los sabores de pueblo. El turismo de emigración se va perdiendo en su segunda generación, ya ni se usa el término limpiaorzas. Qué triste paradoja, ahora que Carcabuey está mejor que nunca, en cuanto a servicios e infraestructuras, va perdiendo población (España vaciada) y turismo de emigrantes.

Carcabuey se incorpora  a la dura competición por captar turismo. Y en eso está trabajando muy bien el ayuntamiento con su alcalde al frente y su equipo creando nuevos proyectos como el Castillejo, rutas senderistas, de fuentes y urbanas así como mejoras en el paisaje urbano (entorno de la parroquia) y en el patrimonio (castillo y puente califal).

Es tiempo de coronavirus y de postconfinamiento y Carcabuey, bajo el paraguas de la Subbética, quieres ser tu refugio para que los emigrantes (ya muy mayores) sus hijos y nietos Nunca dejen de volver y por otro lado captar un nuevo visitante para presentarle las bondades de un pueblo singular, Carcabuey, Corazón de la Subbética. Y a eso se refiere ELE en la canción para Bankinter Volverán esos momentos/De las cosas cotidianas/Una cena con amigos/Vacaciones en la playa/Las verbenas en las plazas…

UN VIAJE DE IDA Y VUELTA

Con el transcurso de los años te das cuenta de lo importante que ha sido el pueblo en tu vida, y mantienes las ganas de volver. Ahora, el pueblo es reposo, tus orígenes, tu historia y te distancia del bullicio urbano.

Este difícil verano, antes de volver, estoy de aniversario pues hace un año que “mi pueblo vino a vermesi se pude decir así. El Área de Cultura, tras mi oferta, eligió Cartagena y Murcia para su Viaje Cultural y yo orgulloso de ser su anfitrión. Me recordó a aquellos marineros y soldados, conocidos o no, que mis padres recibían en casa y que buscaban el apoyo de alguien del pueblo durante la mili.

En definitiva, estoy orgulloso de tener pueblo y de su gente aunque no haya sido su alcalde. La vida es pendular  así que ahora cuando en el cole le preguntan a mi hija Clara a qué playa va, ella contesta “a la casa del pueblo del castillo” que también es vuestra.

“Los pueblos son libros. Las ciudades periódicos mentirosos.”

 Federico García Lorca

 

Permitidme dedicarle este artículo al querido y recordado Acisclo Pérez, pues personas como el son las que hacen pueblo.

Fran Montes Ramírez (Cartagena)

 

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