miércoles, febrero 28, 2024
CarcabueyOpinión

MUERTE EN EL CEMENTERIO

El pasado 19 de Marzo, se celebró el  centenario del actual cementerio municipal Nuestra Señora del Carmen y preparé este artículo que no pude terminar. Ahora, el Día de los Difuntos es un buen momento para enfrentarme a la  parca porque  aunque no creo que venga camino de mi puerta pero ¿Y si sí?…

Así que hablemos de sexo, perdón de muerte. Bueno, ambos están relacionados pues son temas universales, y míos como buen Escorpión, que atraen a todo el mundo y bien lo sabe la prensa y Telecinco que los usan para atraer público porque…

 

NACER ES COMENZAR A MORIR

Como dice Borges “La vida es una muerte que viene. La muerte es una vida vivida.” Así que vivámosla con intensidad ya que  “Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Todo lo que está en medio es un regalo”. Yul Brynner.

La muerte es el fin de la vida, lo opuesto al nacimiento; el alfa y omega del cristianismo. Es la extinción del proceso homeostático de cualquier organismo vivo. También la llamamos fallecimiento, óbito, defunción, deceso, finamiento, expiración, perecimiento, fenecimiento, cesación y occiso cuando es de forma violenta. Incluso existe la muerte psicológica cuando eres consciente de que vas a morir.

En el S. XX la muerte era el cese de la actividad cardíaca, ausencia de pulso, de reflejos y  respiración visible. No obstante, muchas personas fueron inhumadas en estado de vida latente o afectadas por catalepsia o letargia. Así que pasó a definirse como la ausencia de actividad bioeléctrica en el cerebro, a través de un electroencefalograma, pero también resultó ser  insuficiente ante su reversibilidad en algunos casos de ahogados.

La ciencia que estudia la muerte es la Tanatología; de Tánatos, Dios de la muerte no violenta. En las lenguas eslavas y romances la muerte se personifica en femenino salvo los ingleses que, son muy suyos y, usan el neutro. También se la llama Ángel de la Muerte y  se la suele mostrar como  entidad antropomórfica siendo representada desde el S. XV como una figura esquelética que lleva capa y capucha.

Teófilo Gautier planteó una pregunta de la muerte a la vida: ¿Por qué a mí todos me odian y a ti todos te aman?» La vida responde: «Porque yo soy una bella mentira y tú una triste verdad. Para los islámicos es un evento a celebrar y el  cristianismo lo afronta como algo natural aunque todos sabemos que lo habitual es vivirlo con miedo  Los romanos lo resumían con la expresión memento mori (recuerda que morirás) y que se puede presentar de…

MIL MANERAS DE MORIR

Sin entrar en las formas tontas de morir de aquel famoso programa de televisión, la muerte puede producirse por causas naturales (vejez, enfermedad, desastre natural) o inducidas (homicidio, eutanasia, accidente, pena de muerte o suicidio). Esta última incluso tiene en Japón  un manual, el harakiri. Lo contrario es el deseo de vivir, el instinto de supervivencia.

Para evitar la muerte rezamos a los dioses como a la Santa Muerte en México. También hay quien intenta evitarla con sobornos como fue el caso de Sísifo o quien ansia una resurrección e incluso la inmortalidad. Pero si esto no funciona, lo que deseamos es una muerte rápida e indolora o por lo menos digna como propugna la asociación Derecho a Morir Dignamente.

Una vez que nos vamos con los “pies por delante” lo peor es no tener un cuerpo para despedirte del ser querido y darle un digno sepelio o que nos den por muerto sin cadáver. En ese caso sí que a veces se da la resurrección o más bien la reaparición.

¿Y DESPUÉS DE LA MUERTE?

Pues tenemos un cadáver que se prepara según culturas y periodos históricos. Lo común es trasladarlo en ataúd o féretro e inhumarlo (de humus tierra y de ahí humano). Pero también podemos incinerarlo o cremarlo en un horno o pira a modo de altar. Otras opciones son embalsamar/momificar, plastinar y criogenizar pero Walt Disney no lo hizo.

El Islam no acepta la incineración ni tumbas monumentales ni ataúd ni ajuar funerario, solo llevan el cadáver amortajado hasta la tumba como símbolo de igualdad humana tras la muerte. Los judíos prohíben la incineración y los mausoleos  o símbolos externos, solo colocan una pequeña piedra.

Al tratamiento del cadáver le sigue el funeral o conjunto de ceremonias u oficios solemnes dedicados a un difunto días antes de su sepelio. Son tan variados como religiones hay y ha habido y se realizan  en templos, iglesias, cementerios, camposantos o recintos sacramentales. Si te cruzas con un entierro, y eres supersticioso porque es un mal augurio, quítate el sombrero si es que llevas claro.

Y tras el cortejo fúnebre, con plañideras/lloronas o no, pues al cementerio o camposanto, lugar para dormir hasta la resurrección. Allí le espera su sepultura en un panteón, mausoleo, cripta, nicho, sepulcro o  tumba al aire libre donde las lapidas señalan el lugar y la adscripción. En ellas se pueden escribir epitafios; el de Chaplin, Perdone que no me levante, resulta que no es suyo.

Incluso hay cementerios parque pero cuidado con la propiedad de tu tumba pues a la Iglesia Católica le dio por las inmatriculaciones e igual ya no es tuya. Los que no la tienen  van a un osario o fosa común que las hay hasta en las cunetas. En Roma, a la hez del pueblo y a los esclavos los echaban a unos muladares llamados puticuli.

Si eras romano te enterraban en tu propia casa hasta que se prohibieron para evitar pandemias. Y no debían olvidar poner una moneda en la boca del difunto, era el óbolo para Caronte el barquero del inframundo. A los egipcios el barquero los llevaba a la otra orilla  si se habían portado bien, si no a una fosa común y si habías sido muy malo pues te dejaban en un camino para que te comieran las fieras.

Las  urnas cinerarias o cofres se depositan en un columbario. Para honrar a personas de gran significación se erige un monumento funerario o cenotafio (tamba vacía) como el  de las Torres Gemelas. Con el tiempo se generalizó la insalubre  costumbre de enterrar en las iglesias a las personas notables y por eso los feligreses querían estar junto a los mártires y de ahí los cementerios junto a las iglesias. De nuevo hubo que prohibirlos por salud pública y construirlos a extramuros.

¿Y TRAS EL FUNERAL?

Pues las esquelas, necrológicas/obituario, in memoriam, el pésame, la misa de difuntos, un minuto de silencio, arriado de bandera, un altar, y el día de difuntos. Y para los creyentes el Más Allá, el paraíso, la reencarnación, resurrección, la inmortalidad, las ánimas benditas y algún susto que otro de fantasma con sabana. A los ateos como yo se nos reserva el inframundo o el purgatorio, yo prefiero el limbo. Ah, y no olvides hacer testamento para evitar peleas por la herencia aunque eso a ti ya no te afecte.

Y como capítulo especial el duelo y el luto que normalmente hacia la viuda y que a lo largo de la historia  ha sido diferente en forma, tiempo y color. Blanco y rojo en la antigua Grecia, negro y oscuro en Roma,  blanco en el medievo, morado tras el Concilio Vaticano II y recientemente otra vez negro ya en vías de desaparición.

Si has sido un muerto muy antiguo tienes el peligro de  que los arqueólogos, en modo profanación científica, te desentierren de la necrópolis o catacumba donde yaces para sacar mucha información y llevarte a un museo donde todos los días tendrás visita. O incluso, tras desenterrarte  te pueden hacer un nuevo cortejo fúnebre como el reciente de los faraones.

LA MUERTE EN CARCABUEY

Como pueblo histórico que es la muerte está presente desde la prehistoria. Los datos más antiguos se remontan a la Edad de los Metales (IV-I milenio a C.) y son el enterramiento colectivo de la Cueva de los Arrastraos y el de laCueva del Muerto además de una estela- menhir.  Del cerro del castillo procede una urna funeraria tipo Cruz del Negro (S VII a C.) aunque también puede relacionarse con un ajuar funerario la espada de bronce (1200 a C.) cuyo  original se encuentra en el British Museum de Londres.

Pero el muerto más famoso, de entre las numerosas inscripciones funerarias, es el esclavo Fortunatus  que nos dio el gentilicio romano y cuya lapida tuvo un curioso redescubrimiento y dicen que hasta un doble enterramiento antes de terminar en el museo. El  cerro del castillo encierra muchas historias sangrientas que quizás revelarán futuras excavaciones.

Desde entonces son las guerras, epidemias y el hambre las que producen la mayoría de muertes. Entre ellas tenemos el caso del cuerpo incorrupto del religioso Andrés  Peralbo y las muertes de unas setenta personas a causa de la epidemia del cólera de mitad del XIX.

En Carcabuey también se enterraron carcabulenses ilustres dentro de la iglesia al pie de los escalones del altar y del retablo de la Virgen del Carmen como fue  el caso de la familia Cámara y Osorio que, paradojas de la vida, volvieron a ser sepultados por el nuevo pavimento de la parroquia en los años ochenta y  que deberían de descubrirse.

Junto a la iglesia, como era costumbre, se construyó el primer cementerio que conocemos cuya inscripción asociada a la puerta del campo santo data del 1799. En él no te podías enterrar si te habías suicidado o no estabas bautizado. A principios del siglo XX presentaba mal estado e insalubridad  pues quedó desbordado por la segunda oleada de la mal llamada gripe española en la que se llegaron a cavar fosas comunes para enterrar cadáveres y después  cubrirlos de cal.

Por tanto y aunque la corriente higienista tardó en llegar a Carcabuey  en 1921 el cementerio junto a la iglesia se trasladó a su actual ubicación a  las afueras. Tras su abandono, el Sochantre aprovechó los nichos del cementerio para su taller de zapatería que incluía una calavera sobre su mesa de trabajo

El nuevo cementerio se construyó gracias a un empréstito de los vecinos y en su construcción participó como barrenero, el paisano y artillero Eusebio Benítez Ramírez. El moderno cementerio fue inaugurado con gran boato y asistencia de más de dos mil vecinos. En el existía el llamado “muro de los ahorcados” que tenía un acceso de servicio desde el campo y donde, en un lugar apartado, se enterraba a los suicidas que no habían consensuado con el Todopoderoso. Así mismo, en 1933 el gobierno republicano y laico derribó el muro que separaba la parte civil de la religiosa.

Muy cerca de allí se ha construido un bellísimo tanatorio de arquitectura premiada. La muerte también es un negocio y si no que se lo digan al empresario local cuyos tanatorios abarcan carácter comarcal. Recientemente uno de los redactores de este periódico se encontró una lápida en una cuneta que va camino del museo para acompañar a Fortunatus.

Y si de muertes hablamos, a principios del siglo XX, en un ambiente caciquil las reyertas, las armas eran frecuentes. Tras un bando municipal para prohibir  los disparos al aire en bodas y fiestas resultó muerto un municipal. Y más tarde, murieron otros dos agentes municipales y fue asesinado un bandolero por infidelidad a su grupo.

En 1915, y en el día de todos los santos, el asesinato de  un aguacil tuvo gran repercusión en prensa. Y tras otra revuelta, asociada a carestías y hambrunas, se produjo el  ajusticiamiento de un vecino cuyo cadáver fue colgado varios días en la Casa de la Justicia  a modo de ejemplo.

Los muertos ilustres de Carcabuey los puedes conocer en el museo pero quizás es buena idea homenajearlos en vida, como hacen en otros pueblos, colocando grandes posters de sus rostros en las fachadas de sus viviendas. Una iniciativa  que de paso atrae visitantes. Y si hablamos de turistas también existe el Tanatoturismo o Turismo Negroaunque la tumba de Cristo es famosa por lo que no tiene adentro.

En Carcabuey se podría crear una ruta singular que desde “el otro barrio”, el tanatorio y el cementerio con sus personajes novelados,  se pase a la calle Majadilla donde se instalarían en el pavimento los nombres de los cordobeses ilustres. Seguiríamos por la nueva plaza de la parroquia donde se erigiría un monumento a la paz reinterpretando y reutilizando las piezas de la caída Cruz de los Caídos.

El recorrido finalizaría en uno de los calvarios más bellos de Andalucía.  Lugar de calaveras donde se representa la muerte y resurrección del difunto más famoso de la historia, Jesucristo. Tras la semana santa, en la Pascua de los Moraos no se entierra la sardina al  estilo murciano pero si se le da garrote a la cuaresma y al invierno.

ESPERANDO LA MUERTE

Así que mientras llega la parca honremos a nuestros fallecidos y disfrutemos el día a día pese a la mortífera Covid.  Los pueblos de la España vaciada, y en particular Carcabuey, se  desangran. El ayuntamiento trabaja duro para  reponer con nuevos turistas  las pérdidas de los visitantes de la emigración porque el muerto al hoyo y el vivo al bollo ya que  Polvo somos y en polvo nos convertiremos.

Por mi parte, cuando reciba el cortocircuito ojalá me pille escuchando Raska-Yú o mejor Hells Bells de AC/DC a modo de Requiem. Y, ¿Qué me llevo y qué dejo? Pues este artículo que te recomienda vivir el presente mirando  al futuro ya que  el que vive de recuerdos arrastra una muerte interminable y no hay mal que cien años dure. Y claro, joder lo justo y celebrar los aniversarios sin pensar en centenarios.

Por ahora, mientras esperamos no encontrarnos con Antonio Luque Castro (7) en su labor profesional, deleitémonos con la lectura del Señor del Cementerio de Antonio Luque Cañete porque, como dice Nieves Concostrina,  cualquier tiempo pasado fue anterior.

 “Forma la muerte y la ausencia, en el alma un cementerio, con nichos donde el olvido, va enterrando los recuerdos.”Ventura Aguilera

STTL ó  DEP

Francisco José Montes Ramírez (Cartagena)

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