Castillo de Carcabuey, el castillo de la traición

Vista del Castillo desde el Calvario
Vista del Castillo desde el Calvario. Foto: José Alberto Pañero Montes

Desde la edad del bronce hasta nuestros días, el Castillo de Carcabuey ha sido protagonista de muchas batallas y asedios, y también ha sido fiel espectador de todos los cambios que ha experimentado Carcabuey. Luce imponente desde la loma en la que se encuentra y es alegría para el viajero que lo contempla sabiendo que tras su silueta encuentra su cobijo nuestra noble Villa.

Según nuestro cronista local Rafael Osuna, es bastante probable que el Castillo de Carcabuey tenga su origen en la aparición de un primitivo núcleo habitado durante la Edad del Bronce. Sobre esta primitiva fortificación ibérica los romanos construyeron un oppidum, que para los que no son latinos parlantes es “un lugar elevado, una colina o meseta, cuyas defensas naturales se han visto reforzadas por la intervención del hombre”. Posteriormente sería Ben Mastana el que reconstruyera la fortaleza con lo restos de la construcción romana para usarla como centro principal de su insurrección, hasta que a finales del siglo IX, el emir Abd Allah la destruye. Posteriormente aunque no hay muchas referencias al respecto, durante el siglo XIII, se volvió a construir la fortaleza cuando Carcabuey se encontraba bajo el control de la orden de Calatrava.

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Detalle de la puerta de entrada principal. Foto: José Alberto Pañero Montes

Una de las particularidades de nuestro castillo es que este está construido con piedra sin tallar, ni recuadrar, utilizando materiales propios de la zona. Esta técnica también se utilizó en las atalayas que existen en la vecina localidad de Priego de Córdoba.

Terminando así con la historia del Castillo, otra nota característica de este es que fue conocido como el “castillo de la traición”, porque entre sus murallas se preparó la traición del infante Don Sancho contra su padre el rey Alfonso X. Las acciones ambiciosas de Sancho fueron repudiadas por el en ese momento alcaide de Carcabuey, Nuño Tello. Tal era la lealtad y nobleza de el alcaide, que por ser fiel a su rey pierde hasta su propia hija. Fruto de esta rebelión del Infante Don Sancho nace la leyenda de Nuño Tello, alcaide del Castillo de Carcabuey. Para hacer constar dicha leyenda vamos a hacer referencia al blog de José Manuel Molina: “

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Antigua puerta de entrada. Foto: José Alberto Pañero Montes

“Corría el año de 1.282, el monarca conocido como Alfonso el sabio se encontraba de lucha con su hijo Sancho, la última etapa de su vida. Durante esta época, el castillo de Carcabuey era gobernado por un viejo y fiel vasallo del monarca, Don Nuño Tello. Un hombre leal, agudo y barbudo cuya divisa era “antes que nada el. Rey”.

Varios fueron los intentos de Sancho el Bravo por  apoderarse del castillo, pero todos estos fueron nulos debido a la inexpugnabilidad. La única posibilidad que había era la provocación para guerrear en campo abierto.

Un día una noticia llego al campamento de Sancho el Bravo, cuando su lugarteniente tuvo  noticias de que un caballero que acompañaba a sus tropas era correspondido en su amor por la hija de Nuño Tello… Su nombre era Álvaro Lara. Los enamorados encontraron el camino a través de un mendigo, el único quizás que cruzaba la frontera de piedras tras las que Don Nuño resistía.

Confabulado Don Álvaro con el lugar teniente, y sabedores ambos de amor que la joven procuraba al caballero, le hicieron llegar un mensaje a la novia “O huir con él o no volverlo a ver.” Antes de renunciar al amor, la hija de Don Nuño optó por el sí.

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Sancho IV de Castilla, llamado el Bravo. Foto: www.biografiasyvidas.com

Una noche oscura y tormentosa, y con la ayuda del mendigo, la dama descolgó su silueta desde los altos torreones del castillo de Carcabuey. Entre los riscos aguardaba Álvaro sobre su caballo silencioso e paciente. Pero apenas se acomodó a la grupa, el silencio se rompió, el vigía dio la voz de alarma y se desataron las iras del señor del castillo.

Fue primero la orden de bajar el puente y luego la contraorden. Nuño Tello recordó las palabras de su Rey “Todo antes que salir de la fortaleza”. Allí quedo el gobernador del que cuentan que nunca volvió a conocer el sosiego en su eterna defensa de la lealtad.

Muerto el Rey Sabio, en 1.284, Sancho el Bravo se convirtió en Rey de Castilla, quiso entonces premiar a los leales a su padre y recordó en primer lugar al viejo personaje de nuestra leyenda. Le mandó comparecer a la corte de Sevilla, pero Don Nuño se negó. Al fin, la mañana que habría de salir de Carcabuey hacia Sevilla, sus escuderos encuentran a Nuño Tello ahorcado de una viga en sus aposentos. En una nota, escrita a su puño y letra, pide que su cuerpo sea llevado ante el rey, pues como con el espíritu no podía serle leal, le envió su humanidad, única parte de sí que nunca supo rebelarse”.

Fuentes: Historia de Carcabuey. Rafael Osuna / Blog Historia de Carcabuey, José Manuel Molina.

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