miércoles, abril 22, 2026
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VOLANDO VOY

Se ha marchado “Rafalín”, un faro y un ejemplo a imitar que nos deja una valiosa herencia

Dice Juanmi, alcalde de Carcabuey, que necesitamos muchos Rafalines. Ese tipo de personas que hacen comunidad al regalar una parte importante de su vida a su pueblo a modo de voluntariado ciudadano. Ha habido y habrá otros Rafalines, otras personas faro con otros nombres, que te permiten decir con orgullo ¡Qué suerte tener pueblo!  

Rafael Montes Ballesteros, Rafalín, el último de los hermanos Montes, se ha ido volando. En ese viaje sus cenizas deberían de caer sobre cada uno de nosotros para haced que nos preguntemos  ¿qué vamos a dejar nosotros en nuestro pueblo o ciudad?.  Ese polvo que somos y esa ceniza que dejamos. Elijamos por tanto una de las posturas del dilema de Yutang Lin  “Hay dos maneras de difundir la luz. Ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja.”

Rafalín, desde el callejón con su seilla y la ayuda incalculable de su Vitorilla, eligió ser luz. Por eso nos ha dejado una valiosa herencia en forma de Cabalgata de Reyes Magos Banda de tambores y cornetas, majoretes, Corpus Christi, Cofradía del Nazareno etc. Un legado que no se mide en lo material sino que es un patrimonio cargado de experiencias donde paradójicamente el  más beneficiado es el que regala y de ahí la carroza de agradecimiento.


Rafalín en la Casa de los Locos en un homenaje de la Cabalgata de Reyes a Magos.

En vacaciones mis padres y hermanos viajábamos desde Cartagena a Carcabuey en busca de los ancestros porque teníamos La suerte de tener pueblo. Nada más llegar a nuestra casa de la calle Priego  decía: “Papá, mamá,  me voy al Callejón”. A lo que me contestaban, pórtate bien y colabora en todo lo que puedas. Allí pasé mucho tiempo de mi feliz infancia vacacional atendido  maravillosamente por mi tía Victoria, jugando con mi primo Rafalín chico, Silvia, Casti y los niños de la calle y claro intentando colaborar y aprender. 

Nunca se me olvidará el olor a serrín de la carpintería de Paco Martos. Y lo más especial, conocí la Casa de los Locos con mi padre y mi tío. Participé en el concurso de maquetas de carrozas y me quedé con las ganas de aprender a tocar el tambor. Por eso acompañaba a la banda en sus bolos llevando las baquetas, a modo de grupi, y alguna vez mi primo me dejaba su uniforme para salir con la bandera. 

Otras  veces le llevaba el bocadillo a mi tío al  cine aprovechando así para  quedarme a ver la película como si fuera el personaje de Cinema Paradiso. Recientemente, a la vez que hacía una propuesta al programa Volando Voy para que fueran a Carcabuey me enteraba con agrado que ya estaban en ello y que Rafalín seria protagonista.


Fran Montes Ramírez. Diana Floreada 1975

El verano pasado cumplí un deseo que estaba postergando hace años. No era otro que grabar a mi tío hablando sobre mi padre fallecido en el año 1981. Entre otras cosas me contó que de niños le decía: “Antonio, ve tú al colegio que lo aprovecharás más. Ya me yo quedo cuidando los cochinos”.

Mi padre se pasaba el año pensando en cómo iba a colaborar con Carcabuey en vacaciones, una partitura por aquí, unas castañuelas para los tambores por allá etc. Y una vez en el pueblo pues a dedicarle tiempo de sus vacaciones en familia a la cabalgata, Semana Santa, Hermanos de la Aurora, belén, periódico etc.

En el tiempo de espera de la incineración, tras la misa de funeral en la parroquia, se comentó sobre el destino de un faro, procedente de un barco de la armada española, que mi padre llevó a Carcabuey para colocarlo en el castillo como señal a su llegada al pueblo en cada viaje. El faro finalmente  se perdió y no se instaló. Rafalín, estas palabras te las habría escrito  mucho mejor tu hermano mayor pero me ha tocado hacerlo a mí.


Faro artesanal como lamparita de noche. Realizado por Antonio Montes Ballesteros

Previamente, se hizo el velatorio en el premiado edificio del tanatorio y desde allí la comitiva se dirigió a la parroquia. Cuando estábamos llegando me pregunté ¿habrá música en la misa? Y así fue pues era lo lógico y así lo pidió él a su familia y amigos. También tengo yo mis peticiones musicales para mi funeral. En la entrada sonó la Madrugá, de la semana santa de Sevilla, que me recordó a la Diana Floreada de la banda de tambores y cornetas. Unas emotivas palabras de su nieta Raquel fueron enturbiadas, en mi opinión de cristateo, por las del sacerdote cuando afirmó que los “no creyentes” no tenemos donde agarrarnos en la vida lo que es una enorme falsedad.  

En la salida de la misa sonó el pasodoble Suspiros de España que casualmente fue compuesto por el maestro Antonio Álvarez Alonso en Cartagena y estrenado por la Banda de Música de  Infantería de Marina. Originariamente el pasodoble era una marcha de paseo de infantería (paso-doble) que después  se popularizó como pieza de concierto y posteriormente de baile. 

Al compositor le llamó la atención un dulce de la confitería España, hecho a partir de avellanas finas cubiertas de caramelo llamado “Suspiros”, lo que le inspiró el nombre de esta creación que posteriormente se convirtió en la melodía de referencia para muchos emigrantes españoles. 


Busto del maestro Álvarez en la puerta del arsenal militar de Cartagena   junto al monumento al Infante de Marina.

Como relató Raquel, en la ceremonia de despedida, ojalá los abuelos fueran eternos. Eso, no es posible pero sí lo son los actos de reconocimiento como los que recibió en vida nuestro protagonista. En este sentido hay un pueblo que homenajeó  a una serie de conciudadanos,  que habían dejado un legado especial, colocando imágenes de sus rostros en las fachadas de sus viviendas. 

En el caso de Rafalín habría duda porque tuvo una segunda casa, La casa de los locos o más bien La Casa Mágica. En este sentido me sumo a la idea, que se plantean en la cabalgata, de solicitar al ayuntamiento que un tramo de la calle Zagrilla lleve su nombre. Y le añado algo más,  colocar en la fachada un panel con la historia de la cabalgata para celebrar su 50 aniversario en este 2025 que va a ser el primero sin su alma mater.


Fotomontaje. Roberto Montes Ramírez

El caso es, continuaba su nieta, que San Pedro lo ha llamado para amenizar la función ahí arriba con majorettes, tambores y cornetas y claro sus platillos al son de Suspiros de España. Todo acompañado de una carroza a la que Rafalín le dará el último retoque colocándole bastantes luces y cómo no, una estrella que brille tanto que su destello se contemple desde el pueblo.

Y para que no se apague la magia, qué os parece si aquí abajo cumplimos el sueño de su querido Antonio instalando ese faro en el castillo que guie a los cuatro hermanos Montes para que desde el cielo atisben su amado  Carcabuey. Y así comprueben, que sus herederos, siguen su ejemplo y lema de vida porque “Más vale vivir hoy que morir mañana”. Rafael Montes Ballesteros ”Rafalín”.


 “Y si hay oscuridad, no vaciles. Aquí, al otro lado de mi ventana, hay un faro que da vueltas y que todas las noches baña esta orilla preguntando por ti”.


Alejandro Palomas

Francisco José Montes Ramírez (Cartagena)

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